Una salida con sorpresas
Resulta que el 24 fue el cumpleaños del primo del Gordo, uno loco alto al que Bebé Conejito le mandó un pedido de captura porque le gusta comer conejo... Bueno, como iba diciendo, a mí la verdad los cumpleaños me dan lo mismo, porque las velitas se soplan en vez de apagarlas con agua y la torta nunca es de atún, pero me puse muy contento cuando me enteré que el Loco Alto se había mudado a un lugar con pileta.
Sí, esta pileta. Nadé como un loco toda la tarde, tanto que me tuve que tirar a descansar un poco.
Ah, qué relax.
Pero esa fue la sorpresa buena. La otra, no tan buena, era negra y de cuatro patas.
Éste es Pirulo. Pirulo es un cachorro de pastor alemán, según me dijo la Gorda. Raro, porque a mí me parecía un perro. Incluso decía el mismo guau que los perros de acá, de alemán nada, y ovejas no había. Bueno, la Gorda insistión en presentárnoslo, cosa que no nos gustó mucho que digamos, porque los perros suelen presentarse con lengüetazos, que no me gustan a pesar de ser húmedos.
Acá estoy yo con Pirulo. Ella cree que lo estoy saludando, pero no, estoy tratando de comérmelo.
Acá está Pirulo con Tolstoi, que fue al que le lamió un poco la nariz. Pobre melenudo.
Y acá está con Bebé Conejito, que fue el que le resultó menos interesante, afortunado él.
En fin, fue una salida entretenida, incluso a pesar del perro. Le doy 3 anchoas en el TibuRanking bien ganadas porque la pileta estaba buena. Ya les contaré más aventuras.






